Entró en el videoclub
y solo quería dos pesos.
Estaba drogado,
y parecía necesitarlos.
Dependía de esos dos pesos
que nadie iba a darle.
Todos sabemos,
él era
el niño del semáforo.
Pero el miedo reemplazó
a la lastima y él
se fue resignado.
Yo no podía…
no podía correr,
y decirle que yo lo veía.
Que disfrutaba
de su show en el semáforo.
No podía porque eso
no lo hacen las nenas buenas,
y porque era peligroso.
Mi papá dijo
que aquél muchacho
había desperdiciado
su vida.
Yo pensé
que el destino
lo había desperdiciado a él.
yo.